Me desperté al sentir unos cálidos labios ascender lentamente por mi espalda, mi estómago se contrajo de emoción y una sonrisa adormilada se formó en mi cara. Inspiré profundamente, sintiéndome plena y relajada de una forma que nunca había experimentado, y abrí los ojos despacio mientras trataba de despejarlos de la bruma del sueño. Me di vuelta para encarar a Evan y no pude evitar que una gran oleada de recuerdos me invadiera completamente, volví a sentir cada una de sus caricias y besos intensificados por mil, los suspiros que habíamos dejado escapar, las palabras que habíamos susurrado, nuestros nombres resonando en la habitación.
El rostro de mi novio me parecía radiante, sus ojos verdes brillaban mientras me miraba y su sonrisa era más hermosa de lo que alguna vez había visto, solo mirarlo hizo que mi interior se derritiera lentamente. Le sonreí cuando acarició dulcemente mi mejilla y le devolví el gesto de la misma forma, sintiendo a pleno este momento tan perfecto.
—Buen día. —la suavidad de su voz ahora estaba acentuada con la misma calidez que pude notar en sus ojos.
—Hola. —ni bien terminé de decirlo su boca dejó un suave piquito sobre la mía —Que lindo despertarse así. —dije antes de dejar un beso en su pecho.
—Tenés razón, y quiero seguir así por mucho tiempo.
—Como quieras, no tengo nada en contra.
— ¿Cómo yo quiera? Entonces, si es así, no te voy a dejar salir de acá nunca. Sos mía y voy a amarte hasta el cansancio.
—No creo que me canse. —dejé escapar en una breve risa avergonzada.
—Yo tampoco. —susurró en mi oído, haciéndome estremecer— Cathi… Lo de anoche fue muy importante para mí, nunca imaginé que confiaras tanto en mí como para hacer algo tan importante. No creo que haya sido sólo sexo, y tampoco puedo explicarte lo que significó, pero me siento feliz de haber sido tu primero. Gracias. —sus dedos se deslizaban entre mi pelo mientras hablaba.
Nunca lo había escuchado hablar de esa forma en que destilaba tantas emociones, por lo que mis ojos se humedecieron un poco y mis mejillas se ruborizaron mientras él lo hacía.
—Quería que supieras cuánto te amo y lo que siento por vos, todo lo que estoy dispuesta a hacer…
Él seguía mirándome fijamente mientras me acariciaba la mejilla, pero su mano empezó a bajar por mi costado hasta la mitad de mi cadera para luego desviarse hacia mi espalda, recorriéndola de arriba abajo con la punta de sus dedos, produciéndome un escalofrío.
— ¿Cómo te sentís? —sabía que no se refería a mi reciente escalofrío.
—Bien, muy bien, la verdad —no estaba mintiéndole, solamente estaba omitiendo algunas molestias que mi cuerpo sentía, nada que no pudiera soportar. Supuse que eran normales teniendo en cuenta por lo que había pasado, no les di mucha importancia por el momento. —; no te preocupes por mi.
—No podés pedirme eso. Me preocupo porque me importás mucho y te quiero. —su mirada era seria y severa pero en sus labios se formaba una sonrisa dulce — ¿Segura que te sentís bien? Puedo traerte algo si queres…
—Siento algunas molestias nada más —mi voz fue apenas audible mientras suspiraba y bajaba la mirada —, no es nada grave, estoy bien.
—Ay, Catherine... —lo miré de reojo y vi como él negaba despacio con la cabeza.
—No necesito nada, nada más que a vos. —dicho esto escondí mi cara en su cuello, con uno de mis brazos rodeando su cintura —Vos anoche fuiste muy dulce conmigo, me cuidaste mucho. Todo fue perfecto para mí anoche, y hoy lo sigue siendo.
—Para mí fue igual.
Dejó un beso en mi pelo y tomó entre sus manos mi cara para besarme en los labios. Enredé los dedos en su pelo, atrayéndolo hacia mí en un excitante beso mientras él me estrechaba entre sus fuertes brazos. Bajó su boca a mi cuello, lo besó despacio, de forma suave, tomándose su tiempo, hasta lo mordisqueó un poco. Solté un jadeo y unas risitas ante la placentera corriente de electricidad que parecía llenarme con cada uno de sus toques. Mis manos serpentearon por su pecho, pasaron alrededor de su cuello y se detuvieron en su mandíbula mientras mis pulgares acariciaban sus mejillas con ímpetu. Sus labios ascendieron dejando tiernos piquitos a su paso hasta llegar a mi boca y simplemente deleitarme con sus cálidos labios sobre los míos.
—Creo que me siento como nueva. —ninguno de los dos pudo evitar reír por mi comentario — ¿Vos cómo te sentís? —mis ojos pasaron por cada una de sus hermosas facciones.
—No te podés imaginar lo bien que me siento. —sus ojos volvieron a atraparme antes de que pudiera seguir hablando. —Me siento… completo.
Por un momento me pareció ver que su cara iba poniéndose colorada, solamente un poco, casi imperceptiblemente; esto me llenó desmesuradamente de ternura.
Lo abracé fuerte, no quería dejarlo ir y mucho menos que éste momento terminara; él nunca era tan abierto con lo que pensaba o sentía, por eso me sentía feliz de que solo fuera de esa forma fuera conmigo; después de la noche anterior todo era diferente, nuestra relación había avanzado a un nuevo nivel mucho más intenso en cuanto a sentimientos. Él se había preocupado porque yo también disfrutara el momento, había sido de lo más delicado conmigo y me había hecho sentir como si fuera lo único y más preciado en el mundo entero. Estaba segura de que había sido la mejor experiencia que pudiéramos tener juntos, obviamente no por el sexo, sino porque nuestros sentimientos prácticamente se hacían casi tangibles en el aire durantes esos momentos tan íntimos, como si fuéramos solo nosotros y nada ni nadie pudiera separarnos.
Nuestras manos paseaban por la espalda del otro sin apuro, recorriendo cada centímetro de piel al paso, su aliento acariciaba mi pelo cada vez que exhalaba y sus cálidos brazos me resguardaban del frío. Me estiré un poco para alcanzar su cuello y recorrer una parte con mis labios; le susurré al oído como él hacía conmigo, yo nunca lo había hecho, pero pude ver que cerraba los ojos pacíficamente y una sonrisa iba tirando de a poco de los extremos de su boca.
Sus dedos se posaron en mi hombro, fueron bajando por mi brazo hasta encontrar mi mano, la llevó a su boca y besó la palma lentamente, como con reverencia, para después entrelazar su mano con la mía y mirarme a los ojos.
—Te amo. —su voz sonaba segura y en sus ojos se reflejaba mucho más de lo que decía.
Miré nuestras manos unidas con una sonrisa y después me volví hacia él.
—Te amo. —mi voz solo fue un susurró cuando la emoción del momento hizo volar el aire de mis pulmones.
Nos acercamos y nuestras bocas se unieron mientras Evan me aferraba por la cintura y mis manos se sostenían firmemente en sus fuertes brazos; solamente nos separábamos para respirar, pero cada beso parecía imposiblemente eterno. Después de un largo rato de estar besándonos, me vi en la obligación de devolvernos a la realidad, no podíamos estar en la cama todo el día, por mucho que quisiera.
—Evan, nos tenemos que levantar ya. —me senté derecha en la cama, sintiendo un poco de ardor en la parte baja de mi vientre y envolviéndome en las sábanas cuando el frió chocó contra mi espalda.
—Todavía no quiero. —él también se sentó en la cama, envolvió con sus brazos mi cintura y empezó a besar mi espalda.
—Vamos amor, debe ser tarde.
—O debe ser temprano.
—Tonto. —sacudí la cabeza riendo y me dispuse a levantarme —Hay que bañarnos, y de ser posible antes de que alguien llegue. Prestame algo que sino me congelo.
Me dio la frazada y me paré, sintiendo otra vez esa molestia en mi vientre bajo, esta vez un poco más fuerte. Tuve que quedarme quieta un momento, los músculos de mi cara se contrajeron y apreté lo labios por las dudas, no quería dejárselo saber a Evan.
—Cathi, ¿estás bien? —sentí su mirada clavada en mí, así que traté de relajarme lo más que pude. Me di vuelta para mirarlo y él estaba parándose de la cama; buscó en el piso su ropa interior y la camiseta que llevaba anoche y salió de la habitación.
Aproveché esto y, tratando de ignorar el dolor, me apresuré a juntar mi ropa del suelo y llevarla hasta la habitación que era de Mirna. Ella había dejado discretamente ahí la muda de ropa que me había preparado ayer, nadie iba a entrar ahí, la habitación estaba vacía desde que se mudó con su novio. Guardé la ropa usada, tomé la restante y me dirigí al baño, pero antes de llegar Evan me alcanzó con una pequeña capsulita y un vaso de agua en sus manos. Lo tomé y después le di un suave beso en los labios como agradecimiento. Me bañé rápido, aunque me tomé mi tiempo para cada cosa; al final salí oliendo a frutas, con el pelo húmedo y enmarañado y el cuerpo más relajado. Mientras mi novio se duchaba, bajé hacia el comedor con un peine en mis manos para tratar de deshacer el nido que adornaba mi cabeza. Luego, me quedé abstraída en la nada, sentada en una silla, y mis pensamientos flotando por ahí.
Volví a la realidad cuando sentí los labios de Evan presionarse contra un costado de mi cabeza antes de sentarse en una silla junto a mí.
—Sos hermosa. —su mano acarició mi mejilla tan dulcemente como siempre. — ¿Te sentís mejor?
Asentí con una sonrisa y cubrí su mano con la mía.
Escuchamos cómo se abría la puerta de entrada mientras dejábamos caer nuestras manos. Él me miró y sonreímos de forma cómplice, tratando de despejar un poco la atmósfera que se había asentado luego de nuestra noche juntos.
N/A: ¿Se acuerdan del último capítulo que subí? Bueno, a la semana ya tenía este listo; peor había que corregirle algunas cosas y después... no se que paso. La idea original era hacer un POV de los dos, pero Evan se me puso difícil. Espero que les guste
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada