Trazos Acromáticos: Capítulo 29: Entrega

sábado 4 de septiembre de 2010

Capítulo 29: Entrega

El frío viento sacudía la ventana de mi habitación mientras me preparaba para salir. Retoqué el delineador en mis párpados y sujeté unos mechones de mi pelo en una media cola, tratando de que se viera bien. Me calcé las botas altas de color blanco y deslicé la campera del mismo color por mis brazos.
Mi cuñada me miraba desde atrás, sentada en la cama y riendo de mi cara en la que solo se notaban los nervios. Bufé y rodé los ojos, frustrada por su actitud, no necesitaba más por ese día. Ella hizo un gesto con la mano para que me sentara a su lado, todavía con esa sonrisa tonta presente ahí.
— ¿Nerviosa?—preguntó como si nada mientras yo dejaba salir un largo suspiro.
—Si, bastante; espero que se me pase.
—Vos quedate tranquila. Vas a ver que después todos estos nervios te van a parecer cualquier cosa.
—Pero no sé-. —me cortó sacudiendo la cabeza.
—Haceme caso. —cerró los ojos en una expresión solemnemente cómica—, respirá hondo, cerrá los ojos, y, sobre todo, disfrutalo tanto como puedas.
Mis labios se estiraron en una leve sonrisa ante esas palabras, aunque en mi mente no podía dar mucha cuenta de la situación: estaba hablando con mi cuñada sobre acostarme con su hermano; pero ella me había ayudado mucho dándome confianza… y hasta consejos, por más bizarro que parezca.
Era cumpleaños de mi novio y, después de taladrarme la cabeza durante semanas sobre qué regalarle, decidí que iba a ser una noche muy especial para los dos. Sabía que no era algo para tomar a la ligera, pero estaba segura de que podía confiar en él y de que lo amaba más que a mi vida o cualquier otra cosa. Generalmente, el sólo recuerdo de mis planes me retorcía el estómago de anticipación y me aceleraba el corazón tanto, que llegué a pensar que iba a salir corriendo fuera de mí.
—El secreto para que salga todo perfecto es confiar en el otro. —explicó Mirna— Ustedes se aman, s eles nota, y todo esto se trata de seguir descubriéndose, ¿entendés? Es más o menos como un nivel nuevo en la relación.
Me limité a asentir y respirar profundamente, dándole a entender que el asunto estaba por demás terminado. Luego, ambas nos levantamos y emprendimos el viaje a la casa de mi novio; se me hizo eterno, hasta parecía que a cada segundo la distancia aumentara a kilómetros, pero al detenernos frente a la puerta me sentí extrañamente aliviada, como esa calma que te invade por inercia cuando sabés que estás en casa. Casi me liberó de los nervios. Casi.
Lo primero que hice al entrar fue correr hacia Evan y envolverlo entre mis brazos fuertemente, creando por un momento esa atmósfera tan privada, cálida, que sólo nosotros podíamos sentir al abrazarnos así.
—Feliz cumpleaños. —susurré en su oído; su repuesta inmediata fue unir nuestros labios en un tierno beso.
—Te amo, ¿lo sabías? —una clara sonrisa asomaba en sus labios.
—Claro —sonreía con suficiencia, haciendo una pausa expectante antes de darle un rápido piquito—, pero yo te amo mucho más.
Las risas que estallaron detrás nos sacaron de nuestra burbuja, entonces mi novio pasó su brazo por mi cintura y pasamos al living juntos, donde encontré a varias personas, pero al único que conocía era al novio de Mirna, los demás debían ser amigos de Evan.
Él me presentó como su novia con una amplia sonrisa en sus labios, todos ellos eran tan simpáticos que a los cinco minutos estaba riendo hasta lagrimear. ¡Qué suerte que el maquillaje era resistente al agua! En ese momento por fin pude despejar mi mente, soltar un poco más mi ánimo, hasta parecía que esas personas fueran mis amigos de toda la vida.
Una chica que creía conocida de algún lugar, y si no recordaba mal se llamaba Alexandra, se sentó junto a mí en cuanto Evan fue a buscar unas pizzas.
—Así que… ¿de dónde se conocen ustedes? —hizo ademanes con la mano para señalarnos a mí y a Evan; la simpatía de su sonrisa me hacía acordar a Mirna.
Tragué fuertemente y bajé la mirada, esto ya me olía a interrogatorio.
—Historia rara. — reí nerviosamente, aunque no estaba mintiendo. —sentía su mirada todavía clavada en mí, esperando una respuesta más detallada, pero yo me había perdido momentáneamente en el recuerdo de los intensos ojos de mi novio esa noche.
—Él está muy contento desde que están juntos. Lo cambiaste. —su comentario dio en la tecla justa para traerme de vuelta a la realidad, y me di cuenta de que la había visto una vez en una foto con Evan.
— Ehmm, ¿y eso es bueno o malo?
—Yo creo que es bueno. —Mirna se había sentado junto a mi otro costado con su novio apoyado en el respaldo del sillón. —No te preocupes, es que nosotras estamos para espantar a las perras que se acercan a Evan, que te confieso que hasta ahora son bastantes...
—Digamos que nosotras le mantenemos el camino despejado. —Alexandra me guiñó el ojo de forma cómplice mientras sonreía.
—Exactamente. —alargó la palabra mientras ambas chocaban las manos antes de acercase para hablarme al oído. —Bueno, Cathi, ahora es todo tuyo. Yo me encargo de dejarles la casa despejada así ustedes se quedan tranquilos.
Apreté los labios fuertemente y asentí despacio mirándola llena de vergüenza. Se paró gracilmente y su novio la envolvió en brazos.
— ¿Vamos, amor? —me miró de reojo mientras él asentía con una sonrisa, y poco después los vi dejar la casa acompañados de mis suegros.
En lo que quedaba de la noche, aunque estuviera llena de chistes, música y alcohol, no pude alejar otra vez de mi mente las inseguridades, pero traté de disimular los nervios lo mejor posible.
Me senté sobre las piernas de Evan y rodeé con mis brazos su cuello, él hizo lo mismo en mi cintura, acercándome a él todavía más. Me tendió su vaso mientras me miraba atentamente, tomé un ligero trago y le devolví el caso sintiendo como el frío líquido bajaba por mi garganta; pude notar que sus ojos no dejaban de observar mi boca en todo el proceso, lo que me enorgulleció secretamente. Acercó su cara a la mía y me dio un profundo y apasionado beso, pude sentir el gusto a alcohol que invadía su boca y eso sólo hizo que aumentaran mis ganas de saborearlo. Nos separamos con pesar, sonriendo los dos levemente y mirándonos a los ojos en todo momento.
—Estás hermosa, más que de costumbre, no te lo había dicho. —noté que lo decía con algo de vergüenza, pero siendo sincero como siempre.
—Que bueno que te guste porque me puse así para vos.
No pude evitar sonreírle, Evan valoraba cada uno de mis gestos hacia él, cuando charlábamos o le mandaba un mensaje, cuando le hacía algún regalo tonto, y hasta cuando me arreglaba como a él le gustaba, igual que ahora.
—Gracias, te quiero.
—Pero yo te amo. —me miró de esa forma tan intensa propia de él y prácticamente estrelló sus labios contra los míos, sin más, creando un ritmo apremiante pero delicioso.
Todavía faltaba para la medianoche, pero todos estaban muy cansados y borrachos como para seguir con más de lo mismo, por lo que poco a poco todos fueron retirándose entre abrazos, risas y demás. Yo aproveché todo este revuelo para subir a la habitación de Evan, prefería esperarlo ahí, y hasta que él me encontrara tenía un rato para ordenar mis ideas y calmar una vez más mis intermitentes nervios.
Me senté en la cama y me saqué las botas junto con las medias, también me solté el pelo, pasando los dedos por él para comprobar que estuviera bien. Subí las piernas a la cama para abrazarlas y me quedé mirando hacia la puerta, esperando que se abriera, y, efectivamente, unos minutos más tarde, mi novio entró a la habitación.
—Te estaba buscando. —creí que iba a cercarse, pero se quedó donde estaba, mirándome con curiosidad.
Asentí lentamente y bajé de la cama para acercarme a él hasta estar solo a unos centímetros. Puse las manos en su pecho y fui deslizándolas hasta entrelazarlas en la parte trasera de su cuello, pegándome a su cuerpo.
—Evan, yo todavía no te di nada por tu cumpleaños. —mi voz fue apenas un susurro mientras sentía como el calor iba invadiendo mis mejillas.
—Amor, no tenés que-.
—Shhh. —lo atraje hacia mí para besarlo apasionadamente, enredé mis dedos en su suave pelo y él aferró sus cálidas manos a mi cintura.
Dejé su boca y bajé hasta su cuello, pasando una y otra vez mis labios por él, disfrutando la suave textura de su piel. Me separé un poco, tomando un profundo respiro, agarré el borde de mi camiseta y tiré de ella hasta removerla de mi cuerpo; la dejé caer al suelo ante la mirada atónita de Evan.
Me pareció eterno el tiempo que estuvo observándome, pude ver como la lujuria se reflejaba en sus ojos por un momento antes de enfocar su mirada en la mía. Volví a abrazarlo por el cuello, nuestras frentes estaban juntas mientras seguíamos mirándonos fijamente.
—Te amo. —susurré.
—Te amo.
El momento siguiente solo puede describirse en nuestros besos, caricias y las intensas emociones que iban saliendo a flote. Esos momentos iban tatuándose en nuestra memoria, imborrables.