Eran alrededor de las cuatro y media de la mañana cuando empecé a caminar hasta la plaza. Iba perdida, sumida en la nada, solamente un poco atenta para cruzar las calles; no había gente y apenas pasaban unos autos. Me quedé con la ropa que tenía antes, la camiseta amarilla y el pantalón blanco, y me puse una campera blanca; tenía bastante frío. Seguí caminando hasta que me di cuenta, por casualidad, que la plaza se ubicaba en frente de la esquina donde estaba parada. Crucé la calle y caminé hacia el centro de la plaza, hasta que vi a Evan sentado en el mismo banco que esa hermosa noche en la que habíamos salido los dos, la misma noche que supe que me quería y, también, cuando tuve la repentina sensación de que era absolutamente mi todo.
Ahí estaba él, esperándome, parecido a un sueño y a la vez tan real, tan perfecto. Estaba mirando para otro lado, muy distraido, entonces, lo aproveché. Sin que se diera cuenta, me acerqué a él por atrás del banco, le tapé los ojos y besé su cuello. Fui a sentarme al lado suyo, pero me agarró de la cintura e hizo que me sentara sobre sus piernas. Lo noté algo cansado, aunque lo disimulara, me daba cuenta. Igual, él estaba ahí, como era de suponerse; estaba ahí por mí. Por mí. Lo abracé con fuerza, hundiendo la cabeza en su hombro mientras él besaba mi pelo. Sentía un extraño alivio ahora, una paz repentina, pero a pesar de esto, el corazón casi me saltaba del pecho. Evan me abrazó también, de una forma rara, como si no lo hubiera esperado; empecé a creer que no lo iba a soltar nunca, me gustaba considerar esa idea, pero tuve que hacerlo cuando me dijo que no podía respirar.
-Que abrazo tan fuerte.- con ese comentario no pude evitar sonrojarme... y muchísimo- Cuando te ponés así sos tan linda. Bueno, siempre estás linda; mucho más que linda, en realidad.
-Basta.- susurré- Te necesitaba.
Él acarició mi pelo después de que dijera eso y clavó sus ojos en mí. Mis manos estaban alrededor de su cuello; liberé una y recorrí sus suaves labios con mi dedo índice, su tibio aliento rozaba mi mano. Sonreí.
Me acercó un poco más a él y esperó un segundo antes de marcar un trayecto desde mi clavícula hasta mi mandíbula con su nariz y, después, besarme; sentí su rico perfume mientras lo hacía. Sus brazos rodeaban con fuerza y dulzura mi cintura, no podía escaparme de él... y tampoco tenía intenciones de hacerlo.
-No tendrías que haber venido,- dijo después de un tiempo, en tono preocupado- hace bastante frío y no quiero que te pase algo.
Siempre tan protector conmigo, cuidándome cada minuto, hasta cuando no estábamos juntos. Tenía que reconocer que me gustaba mucho que Evan fuera tan atento... y dulce y romántico. ¿Había algo que no me gustara de él? Imposible.
-Amor, haceme un favor: no arruines el momento, ¿si?- susurré mientras le revolvía el pelo con una de mis manos.
Dio un profundo suspiro e hizo la cabeza hacia atrás.
-El cielo ya está más claro, ¿te diste cuenta?- comentó.
Alcé la vista y sonreí. El cielo, poco a poco, iba iluminándose con la luz de un nuevo día, aunque no pudiera ver el sol todavía. Me distraje un poco mirándo las nubes hasta que sentí que las cálidas manos de Evan se pocicionaron en mi cara, obligándome a mirarlo.
-Hay miles de cosas que quiero decirte, pero a la vez no sé que decir...
>Creo que te diría que cada minuto que estoy con vos me siento...- sonrió mientras negaba con la cabeza- No puedo explicártelo. Sos esa persona a quien cuidaría con mi vida si fuera necesario, esa personita que me mira con esos ojos tan tiernos y hace que me deje de latir el corazón. Amo tu sonrisa, ese corazoncito loco siempre tan acelerado, que seas tan cariñosa... Te amo.
No sabía que expresión tenía yo en ese momento y no podía creer que me hubiera dicho eso, me tomó totalmente desprevenida. Era lo más hermoso que me habían dicho en toda mi vida y me hacía sentir especial, como nunca me había sentido. Era como haber estado toda la vida sola en un laberinto y finalmente, de pronto, descubrir la salida. Nadie jamás me había dicho algo remotamente parecido a esto. Empecé a darme cuenta de que en mis ojos había algunas lágrimas, las sequé rápido con la manga de la campera.
-Y yo...- tenía la voz un poco ronca así que me aclaré la garganta- te diría que no me separaría de vos por nada; que te necesito más que al aire, aunque lo creas imposible, es verdad;- reí- que cambiaste totalmente mi vida, que cada vez que me tocás me vuelvo loca; que, aunque no parezca, me encanta que me cuides tanto y no soportaría estar un solo día sin decirte todo lo que sos para mí...- bajé la mirada, con un ataque repentino de vergüenza.
"Que tonta romántica", pensé para mí misma. "Tonta, tonta, tonta".
-Gracias por decir eso.- susurró dulcemente en mi oído y no pude resistirme a besarlo, hasta quedarme sin aire.
Mi respiración era ahora un jadeo que trataba de controlar. Una sonrisa se dibujó en él cuando nos miramos frente a frente, no creía poder regularizar mi respiración otra vez si seguía así. Miré a otro lado, tratando de distraerme, me quedé mirando como el sol por fin empezaba a asomarse, haciendo que el cielo tomara colores rojizos, anaranjados y hasta unos pocos rosados. Las nubes tenían unas sombras grises con una mezcla de lila; parecían dibujadas con crema y no de algodón, algo angostas y no muy grandes, desparramadas por el infinito firmamento. Algunas pasaban adelante del sol y sus bordes se volvían de un dorado oscuro y cautivador.
-Y pensar que a algunas personas esto no les gusta...- susurré casi imperceptiblemente.
-Es un principio y un final.- me dijo él- Empieza el día, termina la noche y viceversa... un círculo vicioso, ¿no te parece?- solamente asentí.
-Es... mágico.
-Igual que vos.- me sonrió de esa forma que yo tanto adoraba y yo, me ruboricé.
-¿Vamos a mi casa?
-¿Tan temprano?- preguntó totalmente extrañado.
-¿Tenés miedo de alguien? Que yo sepa, no está penado por la ley llevar a mi novio a mi casa a la hora que quiera.
-Bien. Pero antes, quiero sacarte una foto.- sacó el celular de su bolsillo y me puso una mirada algo suplicante.
Solté un suspiro bastante largo y contesté con resignación.
-Dale.- dejé que se parara del banco y me puse de espalda al sol.
-Así no se ve bien.- negó con la cabeza.
-¿Y así?- me giré un poco de cara al sol, pero no tanto para que me cegara.
-Perfecta.- contestó mirando su celular.- Adorable.- me mostró la foto y me sorprendí de que saliera... bien.
-¿Ahora si nos vamos?
Solamente asintió una vez, pasando un brazo por mi cintura.
La mañana avanzaba y el frío del día anterior desaparecía de a poco. Debían ser al rededor de las seis, no lo sabía con exactitud. Necesitaba que Evan se quedara conmigo, nadie iba a estar despierto en casa por unas horas más; podíamos estar sin interrupciones. Claro que nadie sabía de la salida esa noche, era nuestro secreto. Nuestro dulce secreto. Éste solamente era nuestro primer amanecer.
-Vení que te muestro algo.- lo agarré de la mano y lo llevé a mi habitación.
-¿Dibujo nuevo?- trató de adivinar.
-Sip.- escuché una risita baja.
Había estado mirando mi último dibujo antes de dormir un poco, así que lo había dejado sobre la mesa de luz. Se sentó a la cama y yo atrás de él, arrodillada en la cama y rodeando sus hombros con los brazos.
-Es mi mejor dibujo hasta ahora, y me encanta.- confesé.
-Es muy... real.- me sonrió.
-Lo dibujé a la noche, esa era la vista que tenía por la ventana de acá.
En respuesta solo escuché una risita.
Acaricie su espalda y hombros muy delicadamente, noté como se relajaba su cuerpo. Dejé algunos besos en una parte de su cuello que la campera dejaba al descubierto haciéndolo soltar un suspiro. Se dio vuelta y se arrodilló en la cama. Acercó despacio su boca a la mía, sin que se tocaran y creando una pesada necesidad en mí, pero haciendo que disfrute del juego que recién empezaba. Cerré los ojos. Por fin rompió la distancia que había entre nosotros, apretando sus labios a los mios, colisionando en un profundo beso. Me dejó respirar y bajó a mi cuello, besándolo de la misma forma que yo lo había hecho con él y me había resultado tan delicioso e irresistible. Mi corazón estaba al máximo, no podía respirar, ni hablar siquiera; no reaccionaba.
Volvió a sentarse en la cama y yo me recosté en sus piernas; acariciaba mi frente con sus dedos, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha. No quería pensar en todo lo demás, lo que había del otro lado de la puerta, ahora me sentía dentro de una burbuja y fuera de ella, todo era gris.
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1 comentarios:
Ohhhhhhhh
sooo cuteeeeeeeeeeeeee ^^
re melosooo el capp!
muy tiernoo!
:)
besosssss!!!
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