Una tenue luz entraba por la ventana, a través de ella podía verse el cielo nublado. Evan descansaba su cabeza sobre mi pecho y abrazaba mi cintura; estábamos los dos bajo una frazada. Me quedé quieta por varios minutos y acaricié su pelo. Todo esto se sentía tan dulce, tan perfecto, como para recordarlo dentro de muchos años al abrir un viejo álbum de fotos.
-Te amo.- me dijo; no me había dado cuenta de que estaba despierto- Más que a todo.
-Vos sos mi todo.- dije.
-¿Cómo te sentís?- acarició la zona donde ayer sentía ese molesto dolor, ahora no sentía nada.
-Muy bien. Vos me hacés bien.
Me apretó más contra su cuerpo; nuestras bocas estaban casi pegadas. Podía sentir su aliento en la cara.
-Te amo.- junté nuestros labios suavemente.
-A mí no me alcanza decirte que te amo.- acariciaba mi cara despacio.
Nunca sentí tanto deseo en sus besos como ahora, nunca sus manos recorrieron mi cuerpo tan suavemente como ahora y nunca sentí tanta necesidad de él como ahora. De repente, me pareció que todo lo que dije ayer no me interesaba para nada y Evan tampoco parecía acordarse de eso. No me importaba, quería que siguiera.
¿¡Qué!?, gritó mi vocecita interior; era verdad no podíamos seguir.
-Cath,- dijo mientras su boca se movía despacio por mi cuello- ¿no dijiste que no querías llegar a más?
-Es verdad,- dije en un suspiro, casi sin aire- no podemos.
-Pero podemos disfrutar de esto, ¿no?- susurró contra mi oído antes de mirarme directo a los ojos.
-Si,- acaricié su cara mientras hablaba- pero vayamos más despacio, ¿sí?
Asintió una vez y me acurruqué contra él. Nos quedamos así por un rato largo, pudieron ser una o dos horas, no tenía ningún plan de moverme de sus brazos. Afuera, la lluvia empezaba a golpear la ventana, lo que me hizo salir un poco de la especie de trance en el que estaba.
Siempre que estábamos así, tan cerca, me ponía a pensar en lo mismo: el futuro, nuestro futuro. Evan era el amor de mi vida, todo lo que me importaba y yo era lo mismo para él; pero sabía que, por alguna de las vueltas locas del destino, todo esto podía desparecer de un minuto a otro. Enseguida, dejé de pensar en eso, me hacía mucho mal. Levanté la cabeza y le di un besito en el borde de la mandíbula.
-¿Qué hora es?
Miró el reloj que estaba al lado de la televisión.
-Las ocho y media. Todavía tenemos, más o menos, dos horas antes de que se despierten todos.- me sonrió.
-Pero no contemos con Mirna, ¿no?- me reí bajito- Seguro que sigue hasta pasado mañana por lo menos.
-No,- sacudió la cabeza- hasta la semana que viene. Cuando llueve es peor, duerme más.- se largó a reír- Una vez durmió 13 horas corridas, de verdad, las conté por reloj.
Me reí como tonta.
-¿Qué querés hacer?- sabía que no me lo preguntaba en ese sentido.
-Por ahora, me gustaría que nos quedemos acá.
-¿Miramos la tele?
-Bueeeeeeeno.- reí.
Nos quedamos medio sentados en la cama mirándo Tom & Jerry, los dos eramos fanáticos del programa. La lluvia empezaba a dejar de caer. En algunos momentos, entre risa y risa, Evan acercaba su cara a la mía y me pedía un beso. Tuve que decirle que los besos nunca se pedían, solamente se robaban; entonces, él me hizo caso y empezó a robarlos. Esto me hizo confirmar una célebre frase: "Siempre que llovió, paró".
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1 comentarios:
Es cortito el cap pero cuteeeee!!! ^^
quiero la continuacionn yaaaaa!!!!
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