Trazos Acromáticos: Capítulo 21: Protección

martes 25 de noviembre de 2008

Capítulo 21: Protección

Abrí los ojos despacio; no podía decir con exactitud donde estaba. Mi vista seguía algo nublada y confusa. Pude sentir a alguien agarrando fuerte mi mano. Parpadeé para tratar de ver mejor y distinguí a Erika parada al lado mío, llamó a Evan y sentí que me acariciaba la frente; moví la cabeza a la izquierda para mirarlo. Tenía una expresión que me pareció algo rara, como si la preocupación y la angustia se mezclaran. Hice una sonrisa leve, pero él seguía igual.
No estaba muy lúcida todavía. Quería decirle que estaba bien, que no tenía que preocuparse por mí; que sonriera, porque esa era la cura para todos los dolores, hasta los dolores más profundos del alma que duelen como 30 cortes a la vez.
-¿Cómo te sentís?- preguntó Erika, que ahora estaba sentada en la cama mirándome.
Le respondí con lágrimas, sentía como si las guardara desde hace muchos años. Aunque no quería llorar, ahí estaban las lágrimas otra vez, ahogándome. Apreté más la mano de Evan y él limpio mis lágrimas.
-Estoy bien.- dije con la voz quebrada- Estoy bien.- Evan besó mi frente.
Quise sentarme pero sentí una molestia en el abdomen. Hice una mueca con los labios.
-¿Te duele?- preguntó Erika.
Asentí con la cabeza.
-¿Dónde?
-Bajé la escalera y en el último escalón... me tropecé y me caí.- apoyé la mano derecha sobre el lugar que me dolía.
-No te preocupes, es por el golpe nada más; es un dolor común. ¿Te duele cuando respirás?
-No.
-Mi papá era el médico y yo, la enfermera.- suspiró y sonrió- Si necesitas algo me llamás, ¿si?
-Bueno.- le sonreí un poco y cerró la puerta al salir.
Di media vuelta a la izquierda, tratando de no hacer ningún gesto o ruido por el dolor, y me quedé mirando a Evan que todavía no soltaba mi mano; con la mano libre acaricié su cara, se relajó un poco.
-Estoy bien,- repetí- no te preocup- sus labios me interrumpieron. Liberé la mano izquierda y enredé los brazos alrededor de su cuello.
-¿Segura de que estás bien?- su boca estaba casi pegada a la mía.
-Si.- susurré antes de acercarlo más y besarlo otra vez; estaba prácticamente sobre mí. El dolor hizo que mi cuerpo se pusiera tenso e hice un ruidito extraño, como si fuera un grito ahogado, y Evan se alejó de mi- Auch.
-Perdón.- su expresión volvió a ser la de antes.
Palmeé a la derecha de la cama para que me acompañara y me di vuelta con cuidado. Se acostó al lado mío y me abrazó, apretándome contra su cuerpo. No sé cuanto tiempo estuvimos así, no era consiente de si estaba dormida o despierta en algunos momentos. Podía sentir, de vez en cuando, sus labios en mi pelo, mi frente, mi boca; eran como un suave y dulce roce.
Traté de olvidar todo lo que había pasado, que solamente fuera otro mal recuerdo que había que enterrar y no tenía que llegar a mi corazón. Me prohibí a mi misma llorar, no quería que Evan me viera mal otra vez. Me concentré en que estaba con él, abrazada a su pecho; que sus manos acariciaban mi espalda, trazando líneas sueltas.
-¿Cómo va el dolor?- una de sus manos se movió suavemente a mi estómago, apenas lo sentí. Miré su mano.
-Bien, creo que por ahora se va a dejar de molestar.- lo miré a los ojos- Gracias.
-¿Por qué?
-¿Te tengo que enumerar todo? Mirá que vamos a estar hasta el año que viene y un poquito más, eh.
-Me encantaría quedarme con vos así, y por varias décadas...- sonrió.
Desvié la mirada.
-Tendría que llamar a mi casa, aunque seguro que no se dieron cuenta de que no estoy; deben estar ocupados en otras cosas.- dije en un tono algo mordaz.
-No hace falta,- mantuvo su sonrisa cuando volví a mirarlo- mi mamá llamó a tu casa y dijo que habías salido con Mirna y te quedabas a dormir. Dijo que no había problema.
Lo abracé más fuerte y su boca encontró la mía. Nuestras respiraciones estaban aceleradas; por lo visto, él tampoco quería que esto terminara rápido. Sus manos me apretaban contra su cuerpo cada vez más y más; estaba disfrutando mucho todo esto, sí que lo disfrutaba, pero no planeaba llegar a más, no confiaba lo suficiente en mí todavía. Empecé a resistirme a sus besos, no quería que lo tomara a mal. Alejó su cabeza unos centímetros de la mía y me miró directo a los ojos.
-Evan..eh...- no sabía que decirle y, ¿qué iba a decirle? ¿"Cuidado donde tocás"?
-Ya sé, está bien.- acarició mi cara con suavidad- No te preocupes, en serio.
-¿De verdad?- pregunté con un poco de incredulidad.
-Sí. Ya sé que no querés que pase nada más.
-Por ahora.- aclaré, me ruboricé inevitablemente.
-Por el tiempo que quieras.- susurró.- ¿Bien?
-Bien.
-¿Querés que te traiga algo para tomar?
Asentí despacio.
-¿Tenés hambre?
-No.
-Ya vuelvo.- antes de salir, se inclinó sobre la cama y besó mi frente.
Cuando me quedé sola en la habitación traté de sentarme en la cama, a pesar del dolor que me seguía molestando. Tomé aire varias veces y me acomodé el pelo; me miré en la ventana, estaba un poco pálida. Volví a recostarme con cuidado y aproveché para poner los pensamientos en orden. Me sobresalté un poco cuando Evan entró.
-Jugo de ananá.- dijo levantando el vaso y sonriendo.
Le sonreí. Me senté en la cama, sosteniéndome con un brazo, y tomé varios tragos. Después de eso, volví a acostarme mientras abrazaba a la razón de mi vida, a lo más valioso del mundo para mí.

1 comentarios:

Micky dijo...

Es un amorr Evannn ♥