Trazos Acromáticos: Capítulo 16: Regalo

sábado 8 de noviembre de 2008

Capítulo 16: Regalo

Estaba cansada pero decidí ir a bañarme antes de cenar, aunque corría el riesgo de dormirme en la bañera; por poco pude quedarme despierta. Me puse una remera vieja con un short y bajé las escaleras. En la heladera quedaban ravioles, los metí al microondas y mientras esperaba que termine de dar vueltas, mi vista se fijó en el calendario de la heladera. Mañana era 25 de enero, el cumpleaños de Celeste; me lo había olvidado, mañana tenía que levantarme temprano para ir a comprar el regalo. Saqué el plato del microondas cuando terminó y lo llevé a la mesa, mamá ya había preparado otra cosa para la cena: carne al horno con papas, lo preferido de papá.
-Mañana es el cumple de Lele.- le dije a mi mamá antes de llenarme la boca de salsa.
-Ah, cierto; me había olvidado.- dijo mientras se apoyaba en la mesada con los brazos cruzados.
Levanté la cabeza despacio para mirarla. ¿Qué pasaba? Mamá tan despistada... eso no era normal. Estaba empezando a preocuparme de verdad.
-¿Cuánto cumple?- preguntó enseguida.
-Diecisiete.- contesté, mientras me concentraba en comer y esconder mi preocupación.
Me quedé callada hasta que terminé, lavé mi plato y me fui a acostar; estaba un poco inquieta. Antes de irme a la cama agarré el celular del escritorio; Evan me había mandado un mensaje más o menos dos horas atrás, pero ahora eran pasadas las diez y media. Le mandé un mensaje corto.
"Perdon q contsto ahora, no tenia el cel cerk, no c si podmos vernos mañana..cumple d mi prima, pero t llamo. Te amo mucho"
Me dejé caer en la cama y, a pesar del calor, el sueño no tardó en llegar.

Parecía que el sol no había salido hace mucho; me levanté despacio y me acerqué a la ventana. El sol iluminaba un poco las casas de la vereda de enfrente, así que debían ser poquito más de las siete. Volví a la cama a tratar de dormir un poco más, pero solamente por media hora.
Me levanté y colgué la ropa de Mirna que había lavado ayer a la noche. No sabía que hacer, la TV a esta hora no me gustaba, así que mejor decidí ir al estudio, escribirle una carta a Celeste e imprimirla. Ocupó dos hojas enteras; las había decorado antes, las doblé con cuidado y las metí en un sobre; todo rosado y combinando, el color preferido de Lele.
Miré el reloj que estaba a la izquierda en el escritorio; eran las diez menos veinte. El teléfono empezó a sonar, tenía una idea de quién podía ser...
-Hola.
-Hola, Cath.- ese tono era la clave para que deje de respirar.
-Evan, ¿a qué hora te despertaste?- pregunté.
-Ni idea. Que raro que no estás dormida todavía.- dijo en tono de burla.
-Ah, me desperté como a las siete. Me aburro bastante ahora.- mi tono parecía indiferente sin intención.
-Te entiendo, estamos igual. ¿Y si salimos un rato?- su tono era casual, como siempre.
-Bueno.
-Te paso a buscar a las diez, ¿ok?
-Si.- por alguna razón estábamos hablando de una forma... distante. ¡Yo no quería hablar con él así!- Te amo.- agregué para no dejar la conversación de una forma tan fría.
-Yo te amo más, y no discutas.- terminó la frase con una risa.
Colgué el teléfono y subí a mi habitación a cambiarme de ropa. Elegí un short de jean, una remera y unas sandalias negras. Dejé una nota sobre la mesa, agarré mi cartera blanca y salí al jardín. Me senté contra la puerta agarrando mis piernas con los dos brazos. Me puse a pensar y me acordé de que todos los 25 de enero pasaban cosas extrañas, por lo menos para mi. ¿Iba a arruinar mi día y, sobre todo, mi tiempo con Evan? Ni pensarlo.
Cinco minutos después, Evan apareció y me sonrió como siempre; cruzé el jardín y lo primero que hice fue besarlo, pero de una forma bastante atrevida.
Se normal. Bueno... ¡como sos siempre!, dijo la vocecita interior. Me separé despacio de él y me sonrojé un poco; puso su dedo índice sobre mi pómulo y lo acarició.
-Ese rubor...- dijo mientras sonreía y sacudía despacio la cabeza.
Me reí en forma tímida; pasó su brazo por mi cintura y empezamos a caminar. Ni me fijé por donde íbamos, estaba concentrada en Evan.
-¿Querés que vayamos a algún lugar en especial?- preguntó mientras me miraba.
-Eh... Sí, tengo que comprar un regalo para mi prima.- lo miré para saber cuál era su reacción. Sonrió.- ¿Cómo pasaste la noche?
-Extrañándote; pensando en vos.- Que alguien me dé media razón para no amarlo. ¡Imposible! Rodeé su cintura con mis brazos; no sé como no me tropecé.
No sabía a donde ir; en realidad, no sabía qué iba a comprar. Estaba entre comprarle una cadenita o una remera, pero al final le compré la cadenita de oro que tenía un dije con una "C". Evan me regaló una pulsera que tenía varios dijes en forma de corazón. Me puse a pensar... ya había conocido a su familia; ahora, que él conozca a la mía. Esperé hasta que estuvimos en la puerta de mi casa para decírselo.
-¿Te querés quedar? Porfi...- usé la mejor mirada que tenía para convencerlo.
-Bueno,- suspiró- tengo que conocer a mis suegros, ¿no?- rió.
-Si, es lo justo.- sonreí antes de que me besara. Creo que este tipo de cosas adelante de mis papás... iba a ser un poco vergonzoso.