-¡Tuchi!- Nadia me abrazó cuando le abrí la puerta.
-¿Qué te hiciste en el pelo?- dije mientras agarraba uno de los dos mechones negros que resaltaban de su pelo rubio.
-¿Viste? ¿Te gusta?
Asentí con la cabeza y empezamos a cruzar el jardín; entramos y mi mamá nos estaba esperando, se saludaron y empezaron los típicos comentarios, como "estás más grande" o "que lindo tenés el pelo" y esas cosas. Nad se descolgó su vieja y amada mochila de la espalda y la palmeó con la mano derecha.
-Traje los rollers, podríamos ir a dar una vuelta ahora o en un rato.- me dijo apretando sus labios en una sonrisa.
-Bueno.- coincidí; en realidad, no tenía ni la más mínima idea de donde estaban los míos.
Salimos otra vez al jardín y nos recostamos en el pasto a tomar sol, quedando en forma de "L"; era una típica y calurosa tarde de enero. Charlamos y charlamos por mucho rato, sobre que tal el verano hasta ahora, si nos había pasado algo "interesante" y demás.
-Todavía no se qué va a pasar...- dijo con cierta tristeza.
-No seas así, te vas a quedar en el cole; nos vamos a seguir sentando juntas, vamos a seguir siendo equipo para los trabajos prácticos, vamos a seguir bailando arriba de los bancos del patio en el recreo hasta el último bendito día del último bendito curso, ¿ok?
-¡Bendito!- dijo antes de largarnos a reír las dos juntas. Después de un minuto, su risa se calmó.
-¿Te acordás cuando nos conocimos?- preguntó con voz un poco entrecortada.
-Si,- me pausé unos segundos- creo que todavía sigo esperando que me prestes la plastilina verde.
-Tu flor estaba media chueca.
-Y lo que estabas haciendo no se parecía mucho a un oso.- nos miramos y nos empezamos a reír otra vez; después de otro minuto, pudimos calmar la risa.
-¿Te acordás cuando fuiste a mi casa y cantamos todo el día Unbreak My Heart?
-Si, que después seguimos cantando al otro día en el colegio. Mmm... creo que fue la primera vez que escuché a Toni Braxton.
-"Unbreak my heart, say you'll love me again, undo this hurt you caused when you walked out the door and walked outta my life".- cantamos las dos juntas. Hubo una pausa corta.
-¿La vez que aparecimos las dos con la misma remera?- dejó el final de la frase con un poco de risa.
-Me quería morir ese día,- me tapé la cara con las manos- no podía creerlo; ¡me la acababa de comprar!
-Y yo también, no te creas.- dudó un poco- Pero... ¿Te acordás cuando te escondiste abajo de la mesa por la lección?
-Cómo olvidarme de eso...- crucé los brazos sobre mi pecho.
-"Hansen"
-"¡No vino!"- citamos juntas.
Nadia era, indiscutiblemente, mi mejor amiga; sabía todo de mí y yo sabía todo de ella. Nos conocíamos desde los tres años y, desde ahí, siempre estuvimos juntas en el colegio; jamás tuvimos una pelea, aunque creo que me enojé por lo de la plastilina verde...
Pasamos muchas cosas juntas, momentos inolvidables; cada segundo apreciado al máximo. Jamás un secreto, jamás una mentira; ella era de esas personas a las que te acostumbrás facilmente, que no te cuesta quererla, alguien de quien me siento orgullosa de decirle amiga. Nunca falló y nunca lo va a hacer; alguien a quien confiaría mi vida, a quien defendería a cualquier costo. Demasiado unidas para que nos separen.
-¡No me hagas llorar a mi también!- no me había dado cuenta que yo estaba llorando.
-Bueno, no llores.- dije mientras me sentaba y limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano. Rodeé con los brazos mis piernas y ladeé la cabeza para rescostarla en las rodillas y mirar a Nad.
-¿En qué estabas pensando que te pusiste a llorar?- estaba acostada y en el pasto todavía y con los ojos cerrados.
-En todas las cosas que pasamos.- me limité a contestar.
-Y ahora parece que pueden terminar de un día para otro.
-No seas tonta, no van a terminar; va a haber muchas más. No le tires pimienta al café.
-Ya sé, ya sé: tengo que llenarlo de azúcar.- dijo agitando una mano en el aire- Pero es dificíl...- no pudo terminar la frase.
-No es difícil; si querés, podés.
-Puede ser...- dijo, ahora pensativa.
-Dale, levantate y vamos a dar una vuelta asi los rollers ven la luz después de tanto tiempo.
-¡Pobrecitos, se van a volver claustrofóbicos!
Nos levantamos y entramos. Increíble y afortunadamente, los rollers estaban en el ropero, un poco escondidos. En la vereda, no quería soltarme de la reja; estaba bastante oxidada en esto.
Me agarré de la mano de Nadia y no me soltaba por nada. Es cuestión de refrescar la memoria, pensé y después de un rato, ya estaba más confiada; por lo menos, más segura de que no me iba a caerme; al contrario, fue ella la que se cayó.
No se cuánto tiempo estuvimos dándo vueltas y vueltas, pero volvimos cuando empezó a hacerce de noche. Traté de convencerla de que se quedara, pero nada sirvió. Nos despedimos con un largo abrazo y la promesa de que ibamos a llamarnos, o por lo menos a mandarnos un mensaje de texto.
Hasta dentro de dos semanas, amiguita; pensé cuándo me quedé parada sola en la puerta de casa.
[Este capítulo va dedicado a dos personas muy especiales: Florencia y Micaela, dos amigas que conosco desde toda la vida y que siempre compartieron mucho conmigo.
En sí, dedicado a todos los amigos; los míos o los de alguien más, personas que tienen el placer de saber lo que es verdaderamente la amistad.]
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentarios:
snifffffffffffffffffffff
que ternuraaaaaaaaaaaaaaaa
Publicar un comentario en la entrada